Qué tendrá que ver enero con el surf, la nieve, las cuestas y el golf…
Suena el despertador y mi ojo izquierdo hace un ligero amago de abrirse. No recuerdo cómo apagar el dichoso ruido, y tampoco hacia dónde tengo que dirigir la mano… Por lo menos, la sensación de frío desaparece, y es que hace tan solo unos segundos, estaba jugando al golf, algo que no he hecho en mi vida ni en ninguna otra que haya conocido… en el Polo Sur (sé que era el sur, porque mi cady era un enfadado pingüino). Me levanto, y mientras atravieso el pasillo, resoplo, sé que bajar mi handicap va a estar difícil.
Atravieso de un salto la alfombra del salón, que a modo de green, me recuerda que el doble bogey de ayer, podría haberse bajado si no fuese porque el cady, enfadado, no dejaba de hablar por teléfono con algún pariente suyo. Y entre enfados ajenos y calentamientos para tener un buen swing, me doy cuenta, nuevamente, que me llevará un buen rato buscar el equilibrio…. Un golpe repentino con la puerta del armario, me genera un instantáneo fundido a negro… Y vuelve a hacer frío, mi swing no mejora, el handicap no baja, los focos me alumbran esperando que baje por el rail… ¡Esto debe ser una broma! ¿dónde están las cámaras?
Resulta que si bajo por ahí, me llevaré un 20% de descuento… ¿Realmente puedo bajar por ahí? ¡Este es mi sueño y bajo por donde quiero!
Apoyado sobre la mesa de la cocina, con la taza de café humeante en una mano y la otra desenredando el pelo, ahora el ojo que se cierra es el izquierdo, y se abre el derecho, a la vez que soplo y recuerdo que, las bolas perdidas no se buscan durante más de 5 minutos… Café de un trago, ropa puesta en un plis y carretera, que las cuestas, aunque de enero, también forman parte del campo de juego.
Y tú, ¿cómo te sientes por las mañanas? 


















































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